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El paro del #8M resaltó la solidaridad y la unión en la diversidad de las mujeres

Miles de mujeres en todo el país levantaron su voz y tomaron el espacio público en reclamo de libertad e igualdad.

Con una masiva convocatoria ayer se realizó el #ParodeMujeresParaguay del #8M en distintos puntos del país y con un acto central en la capital, que se inició con una marcha desde la Plaza Uruguaya hasta la Plaza de la Democracia, donde se presentaron números artísticos y se dio lectura al manifiesto que enumera las demandas de las mujeres de diversos sectores y lugares. Desde las 8.00 de la mañana tuvieron lugar variadas actividades como consultorios sicológicos y legales para brindar asesoramiento sobre casos de violencia contra mujeres, y niños y niñas.

Un conjunto de grupos organizados y personas autoconvocadas se aglutinaron bajo el reclamo central del cese de la violencia de género y los feminicidios. El manifiesto del paro alerta que en los dos primeros meses de este año fueron asesinadas catorce mujeres y exigieron el fin de la impunidad de estos crímenes, las violaciones, los acosos, la trata y agresiones diarias en los espacios públicos, domésticos, iglesias, trabajo, universidades y organizaciones. Otras de las reivindicaciones fueron la educación laica, no sexista, con perspectiva de género y enfoque de derechos.

A más de ello expresaron que con motivo de la fecha, el Día Internacional de la Mujer, alzaron su voz las mujeres del campo y las ciudades, indígenas, estudiantes secundarias y universitarias, feministas, docentes, sindicalistas, artistas, políticas, mujeres viviendo con VIH/SIDA, mujeres de diversas profesiones, campesinas, productoras, migrantes, obreras, lesbianas, bisexuales, intersexuales, mujeres trans, niñas, adolescentes y adultas mayores, mujeres con discapacidad, trabajadoras sexuales, religiosas, agnósticas y ateas.

Durante la convocatoria también exigieron el fin de la discriminación que, entre otros aspectos, subvalora el trabajo de las mujeres con remuneraciones más bajas respecto a los varones que realizan las mismas tareas. Este trato discriminatorio incluso está amparado por legislaciones que bajan el piso salarial (60% del SML) a las personas dedicadas al trabajo doméstico. “¡Ore rembiapo ndovaléiro. Pemba’apo ore rehe’ÿ! ¡Roikovese ha roikovéta!(¡Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras!. ¡Vivas nos queremos!), fue uno de los mensajes principales de la manifestación.

“Nuestra sociedad está inmersa en un sistema capitalista, patriarcal, colonial y extractivista que oprime y explota, estableciendo relaciones desiguales y discriminatorias de clase y género, que fundamentan la opresión de las mujeres sacándonos nuestros derechos y oportunidades. Las decisiones que se toman en los espacios de poder político y social continúan estando bajo dominio masculino, y son tomadas sin nuestra participación real. Construyen políticas públicas sin nosotras”, expresa parte de la declaración.

Respecto al papel del Estado, denunciaron la respuesta represiva a los reclamos de acceso a la tierra de las personas campesinas e indígenas –citando como ejemplo emblemático la condena en el caso Curuguaty–, permitiendo el uso descontrolado de agrotóxicos, la explotación laboral así como su inacción ante amenazas de despidos y los problemas de contratación por lactancia y maternidad. A esto se añade la falta de acceso al derecho a la salud, la vivienda, los embarazos forzosos por abuso sexual infantil, la penalización del aborto, la no investigación de asesinatos de personas trans y la denegación del derecho de visitas íntimas a personas lesbianas o bisexuales privadas de libertad. El pliego de demandas incluye la desmilitarización del campo, el fin de los desalojos, del monocultivo, la protección a la producción agroecológica y semillas nativas, el reconocimiento de la identidad trans, la paridad  en los espacios de representación política de las mujeres, la autonomía sobre sus cuerpos y la aplicación efectiva de la Ley 5777/17 contra toda forma de violencia hacia las mujeres.

“Este 8 de marzo rememoramos a nuestras ancestrales trabajadoras que lucharon por la igualdad, a las que se opusieron a la explotación, a las dictaduras y a las discriminaciones, a las que hicieron huelgas, a las que se rebelaron. Hoy, no olvidando a nuestras muertas por violencia feminicida, y recordando a niñas víctimas de la violencia dictatorial como en el caso Caaguazú, y a las niñas esclavas sexuales, nos organizamos sin miedo, nos fortalecemos desde la acción conjunta y unidas, con fuerza”, resalta el texto.

La declaración advierte que el patriarcado está al tanto de la fuerza poderosa de las mujeres y por eso las trata de enemigas, envidiosas e histéricas. Pero ante esto responden con organización, superando las barreras de las trampas machistas, con la seguridad de que sus estrategias políticas, sociales, culturales y de sobrevivencia son cada día más acertadas, efectivas y fuertes. Por ello acentúan que salen adelante con la ayuda de otras mujeres, estudian, trabajan, crían a sus hijas e hijos y a los niños y niñas de las demás, se acompañan para enfrentar la violencia cuando migran, cultivan, inventan y son creadoras de cambios.

La contramarcha

Por otra parte, un grupo de personas identificadas como la Juventud Católica Tradicionalista y Asociaciones por la Vida y la Familia realizaron una contramarcha en la explanada de la Catedral expresando su rechazo al aborto y la “perspectiva de género que atenta contra la realidad objetiva”, manifestaron.

“Lo que quiere la ideología de género es intentar meter estos postulados en los currículos primarios, secundarios y universitarios, dando una visión distorsionada de la realidad objetiva del ser humano”, dijo Oscar Báez, de la Juventud Católica Tradicionalista,  citado por el diario Última Hora.

Sin embargo, dijeron acompañar el rechazo a los feminicidios, las violaciones y el derecho a la libertad de las mujeres, pero sosteniendo que no se puede decidir sobre el cuerpo del feto, añade el reporte de prensa.

Foto: Nath Aguilar

 

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